El PagaFantas | Fotos Porno | Videos Caseros | Amateurs

Blog Porno | Amateurs

asiaticas chicas amateur estrellas porno famosas fotos porno jovencitas latinas lesbianas lolitas maduras negritas videos porno frikadas noticias curiosas - cosas raras webcams jovencitas amateurs

amateursHa pasado ya una semana. Siento ardor en la cara, por la vergüenza, y cosquilleo entre las piernas, porque me acuerdo de lo bien que me comía el coño. No sé quién es, ni siquiera cómo se llama. Sólo que vive en el piso de al lado, que lleva en el edificio apenas un mes, que es un tipo mayor –tendrá cuarenta o más- y que me caló a la primera.

No me cabe ni justificarme, pensando que me sedujo. No le hizo falta. Coincidimos en el ascensor, yo venía de la clínica, con mi uniforme de enfermera y traía la compra. El se ofreció a ayudarme con las bolsas y me folló.

Cuando ME acuerdo de la forma en que me montaba por detrás, de pie, en la cocina, con las bragas en las rodillas, el trasero en pompa y las tetas fuera, me sonrojo. También me empapo, porque el muy guarro sabe comerse un coño. Tiene una verga tremenda y me hizo chupársela al terminar. Como si yo fuera una putilla. Y ni se despidió. Me dio un azotito en las nalgas, se subió los pantalones y me dijo: “parece que lo has pasado bien”.

Y lo tremendo es que es un jodido carroza, uno de esos maduritos a los que ni te paras a mirar. Pero me doblegó. Hizo que me entraran ganas y que no pudiera resistir. Y lo consiguió sin apenas pronunciar palabra, como si adivinase lo que me gustan los rabos de los tíos.

No quiero pensar en eso. No quiero acordarme. Me levantó de un salto y me meto en el baño. Agua fría, mucha agua fría y champú. Me quedo un buen rato bajo el chorro de la ducha, buscando que se disuelvan los pensamientos.

El día es gris, triste. Lo paso encerrada mirando tele. No quiero fumar para no deprimirme más. Estoy cansada y aburrida pero no voy a salir de casa porque tengo terror de encontrármelo en el pasillo.

Sólo de imaginar que mis amigas, que alguno de los tíos que me hacen la corte o mi novio pudieran saber que ese tío me montó como quiso, me hizo arrodillarme y comérsela y hasta me enculó, sin haberse molestado ni siquiera en ligarme, me moriría de vergüenza.

En estos siete días, no lo he vuelto a ver. Al principio pensé “menos mal”. Después empezó a llamarme la atención que hubiera desaparecido. ¿Tendrá algún compromiso? Cómo si a mí me importara…

No hay tío que te follé una vez, aunque sea a toda prisa en un coche, que no esté convencido de que te puede follar cuando quiera. Y todos, cuando se les hinchan los huevos, vuelven a ver si meten. Pero este no ha dado señales de vida.

¿A lo mejor no le gustó? No fue la impresión que me dio esa tarde. ¿Y a mí, qué? ¿Me gustó? ¿Hasta dónde me gustó? ¿Si tocara el timbre, le abriría la puerta? No, no se la abriría, como no voy a abrirle nunca más las piernas, aunque me muera de ganas.

Porque tengo que reconocer que estuvo muy bien. Muy guarro, muy dominante, muy duro, mucho más compacto, sabroso y vicioso que todos los ligues que he tenido hasta ahora.

Pero no me tengo que dejar llevar por los calentones.

Aunque gocé tanto, que me calienta recordarlo. Hizo todo lo que me gusta. Esa manera que tenía de someterme, de acorralarme, de apretar, de hacerme sentir como una puta. Era como si se metiera en mi cabeza y adivinara todo. ¡Qué cerdo!

Esa lengua recorriéndome, abriéndome, tocando donde me gusta hasta hacerme abrir las piernas, ahhh, cómo me gustó, por favor.

Cómo chupó mi coñito, ahhhhhhhhshh. Me pareció un fenómeno… me metió la lengua así, justo ahí, cómo me gusta ayyyy. ¡Basta! Basta de pajearme.

Y el muy guarro ni se desnudó del todo. Se quitó la parte de arriba, se desabrochó el pantalón, se sacó la polla y me uso como quiso.

Ahhhh, cómo me folló ese viejo hijo de puta, con ese pollón tan gordo y tan grande, que pensé que me abría en canal… y no paraba… ¡Qué divino!

Y la forma en que me retorcía las tetas y me pellizcaba los pezones, mientras me daba pollazos y pollazos hasta hacerme gritar de placer.

Ahhhh, más, pedí más, supliqué más, dame más…

Me humilló. Me hizo decir que era una puta, “su putita” y se hacía de rogar: “fóllame por favor, fóllame”.

Y esos pollazos finales ¡Por favor, qué placer! ¡Qué manera de acabar! Parecía que me partía en dos. “Así, así, que me corro, ahhhh, ahhhh”.

Cómo me gusta pajearme, acordándome del polvazo que me echó ese cabrón. Me mojo toda.

¡Basta! Basta de paja. Necesito otra cosa, otra cosa que lo borre de mi cabeza.

Ducha fría, sueño tibio, despertar sereno.

Y justo esta mañana, cuando salía hacia la oficina, me doy de bruces con él. En el descansillo, esperando el ascensor. Lo miré, me miró, sonreí. Y el muy cerdo ni me devolvió el gesto.

Me cedió el paso sin dirigirme la palabra. Sentí tanto odio que lo hubiera matado. Llegamos a planta baja, sin que me hubiera siquiera mirado.

¡Que cerdo! Salí como una tromba y desaparecí avergonzada, humillada. Apenas una semana después de follarme en mi propia cocina, me ignoraba. Y yo, que tengo veinte años menos que él, que soy una de las tías más deseadas de la ciudad, sigo pelándome el coño a base de pajas y todas inspiradas en él.

Pero tuve mi revancha.
Por la noche, hace apenas un rato, sonó el timbre del portero automático y era mi novio. Le abrí el portón y bajé a toda prisa, dejando la puerta de casa entreabierta, para darle una sorpresa.

La sorpresa estaba en el portal. Llegó abajo y me quedó dentro del ascensor, esperando a que abra mi novio. Lo hace y justo detrás, distingo la cara del vecino.

Subimos los tres en el ascensor, y yo aproveché para colgarme del cuello de mi novio y besuquearlo, y él, que venía caliente, se olvidó de que teníamos compañía y respondió a mis besos sacando su lengua y comiendo mi boca.

¡Qué bien me sentí! ¿Te gusta viejo hijo de puta? Jódete cabrón. Esto es lo que te estas perdiendo.

Cuando llegamos al piso, seguíamos dándonos besos, lametos y lengüetazos, y vi con el rabillo del ojo como el carroza empujaba la puerta del ascensor y enfilaba hacia su apartamento, inmutable.

Nosotros tiramos para mi casa. Una vez dentro, yo trata de imaginar lo qué habría pasado por la cabeza del carroza del vecino, mientras mi novio sólo pensaba en follar y trataba de desnudarme sin perder tiempo.

-¿Tanto apuro tienes?

No pudo contestarme, tenía la boca llena con mis tetas. Se ocupó de lamerlas con desesperación, para luego bajar por mi vientre, desabotonarme el vaquero, y buscar con su lengua un hueco.

Le ahorré el trabajo, bajándome las bragas y le dejé enterrar la cabeza entre mis piernas, y así, arrodillado, se esmeró en chuparme. Y pensar que eso, apenas unos días antes, hubiera bastado para ponerme al borde de la corrida, ahora sólo me empapaba un poco.

Lo veía tan pobre, tan predecible, como si todo fuera, “te hago esto, y ahora te hago esto otro, para después hacerte aquello”… Y decidí terminar cuanto antes, así que lo aparté, me eché en la cama abriendo las piernas, y le dije:

-Fóllame de una vez, mi amor, que no aguanto más.

Y era cierto, no aguantaba que la farsa se prolongara mucho más.

Mientras mi novio se desnudaba atropellado, me di la vuelta, porque quería hacerme una paja pensando en el vecino.

En cinco segundos, tenia a mi novio encima, sobre mi espalda, con su polla en mi coño y bombeando, suspirando y aguantando para que no se le escapara la leche, para que me durara a mi el gusto.

Allí estábamos, batiendo aquello sin encanto, cuando escuché música procedente del piso del vecino. Estaba claro. El muy cretino trataba de tapar nuestros ruidos escuchando a Vivaldi a todo volumen.

Entonces cerré los ojos, lo imaginé hundido en la oscuridad, pajeándose en silencio, su enorme verga erguida, palpitando en su mano, que iba y venía. Y sobre todo sus espantosos celos por saber que me estaban follando y que lo hacía un tío mucho más joven, guapo y atlético que él.

Y experimenté el inmenso placer de la venganza. Mi novio estaba punto de regarse y aquella era una ocasión única.

“Yo te voy a enseñar”, y decidida a gozarlo grité con todas mis fuerzas “fóllame así, así, mi amor, así que me corro” y eso acabó con la resistencia de mi chico, que bombeó desesperado un chorrete de lechada, mientras yo gritaba con premeditada exageración “Qué bien, que me follas, qué bien, qué bien, qué bien”.

Fue el final de un polvo tibio, pero seguramente mucho mejor que la triste paja que se habría hecho el vecino.

-Ya está mi amor, ya está, sácala ya, que me quiero lavar un poco.

-Qué buen polvo.

-Tremendo –digo, entrando en el cuarto de baño.

Refrescante ducha y cuando vuelvo a la cama, el atontado duerme su sueño de macho satisfecho.

Necesito relajarme. Enciendo un cigarrillo y salgo a fumarlo al balcón. Hermosa noche, calurosa, suave caricia para mi cuerpo desnudo.

Miro la puerta del balcón del vecino, está abierta, por ahí salen las notas de Vivaldi.

En estos edificios antiguos, los balcones quedan muy próximos, te puedes tocar con la mano.

Pienso si el vecino estará ya roque, como mi novio. Se habrá quedado dormido con la música puesta.

De pronto, noto que algo se mueve en el rincón en el salón de al lado. Es él, desnudo, mirándome. Camina hacia su balcón, se acerca y puedo ver que está con la polla enhiesta, dura y amenazante como la imaginé, tan grande como la recordaba.

Camina hasta el macetero que separa su balcón del mío. Estoy paralizada por el estupor, no sé qué hacer, qué decir.

Lo veo apoyar sus grandes manos en los ladrillos, darse impuso y pegar el salto. En un instante, antes de que llegue a darme cuenta qué es lo que pasa, lo tengo a dos pasos.

Retrocedo. Avanza. Me arrincona. “No”. Es lo único que alcanzo a decir.

Me tapa la boca con la mano, me apoya contra la pared tirándome su pesado cuerpo encima.

Abandona mi boca para usar sus dos manos y tomarme por las nalgas, me alza, busca mi coño con su polla, la pasa dos o tres veces por mi clítoris y la deja resbalar hacia el agujero.

Siento su capullo caliente tratando de abrirse camino, mi conejo palpita. Pienso en mi novio, durmiendo ahí, a cinco metros. Desesperada le digo que no con la cabeza. Tarde.

Aunque intento cerrar las piernas, aunque lucho por soltarme, ya siento su pollón penetrando en mi ansioso coñito. Me está follando. Y me gusta. Y me aprieta. Y cuanto más entra, más aprieta y más me gusta.

Y cuando me la encaloma entera por fin, pego un respingo y estoy a punto de gritar. Me aprieta contra la pared para meterla bien y es un goce, que creo que me desmayo.

Y cogiéndome con las dos manos por los cachetes del culo, me sube y me baja clavada en su polla… arriba, abajo, arriba, abajo, cómo me gusta… y no puedo abrir la boca, y si pudiera le diría “fóllame, fóllame, no pares”.

Y vibro, vibro, tiemblo de los pies a la cabeza.

Estoy desesperada, quiero que me de pollazos, como hizo en la cocina, que me de la vuelta, que me encule, que haga conmigo lo que quiera.

Tiemblo, tiemblo, me aferro a él, me enrosco a él y le susurro al oído: “Métemela toda, por todos los sitios, por favor…”

Estrecho mis piernas alrededor de su cintura, me pego a su cuerpo y restregó mis tetas contra su pecho peludo, y no puedo más, aprieta, gusta, toda, y muerdo su cuello, clavo mis uñas en su espalda, me corro, me corro, me corro, y un chorro de su leche me inunda.

Y en la penumbra noto que está colorado, parece a punto de reventar, pero aguanta con la polla dentro.

Ahhh, basta, le digo al oído, ya está abuelito, basta.

Cómo me arde el coño. Me baja lentamente, me da la vuelta y empieza a follarme por atrás, como a una perra, apoyándome contra la pared. Hijo de puta, no doy más y me sigue follando.

Y ya acabó, sentí su leche, su verga temblando cuando la echaba, pero sigue como si tuviera más. Es inagotable… Ahhhsss… afloja un poquito y vuelve a acelerar y arde, arde, arde y me vuelvo a correr.

Dale, dale, no te pares, dale, así, así, así, uhhhhhhhyyyyy.

Qué ganas de chillar… me enloquece, ahhhhshhh. Se restriega bien, ay cómo sabe el hijo de puta, como me sacude, como me saca todo, todo, todoooo… pollazo, pollazo, pollazo. Y me lo da, me lo da, me lo da. Divino, divino, divino, diviiino.

Ya, ya, ya. Ahora sí, despacito la va sacando, ya acabamos. Y el muy guarro sonríe, me da un azote en el culo, dice un despectivo: “Te ha gustado ¿eh?” y salta a su balcón.

Silenciosamente vuelvo al cuarto de baño.
Mi novio duerme y nada ha pasado aquí.

Tags relacionadas: , ,

Lo sentimos, los comentarios han sido cerrados.

Porno visto en la red

  • Webcams Amateurs

  • Categorías

  • Calentorras

  • Etiquetas

  • Tu Sexo diario

  • Ultimos Comentarios

  • Jovencitas a Cien

  • Entradas recientes

  • Mas Sexo

  • Archivos

  • Enlaces

  • Webcams Sexo

  • Sexo del Bueno

  • Tremendo

  • © Copyright 2007-2011 - www.elpagafantas.es - Todos Los derechos Reservados.