Le chupé los huevos un rato largo. Acabó mientras le besaba las pelotas que las tiene bien grandes, más que ninguno, y lo masturbaba. A las tres semanas nos vimos y otra vez me echó tres polvos. Quiero contarles una de las mejores experiencias que tuve en la cama. Soy Analía, de Argentina. Mi primer hombre fue un ex novio, Mariano. Él es seis años mayor que yo, cuando me desvirgó yo tenía 18 años. Fue hermoso como me cogió, me dolió mucho, pero acabé varias veces. Me cogió después de todas las maneras posibles, en otros encuentros.
La vez que más me gustó fue cuando yo estaba boca abajo y él se acostó arriba mío y me penetró. Después me puso en cuatro, y nos quedamos los dos arrodillados, él detrás de mí, cogiéndome y acariciándome el clítoris y los pechos. Me besaba las orejas y el cuello y me decía que yo siempre iba a ser su mujercita, que nadie me iba a coger mejor que él.
Luego de un tiempo nos separamos. Recuerdo una vez que, como yo quería volver con él, me sumé a una salida que iba a hacer con sus amigos. Pero en el boliche él estaba con otra chica amiga, y yo estaba muy enojada. Así que empecé a tomar alcohol y me puse muy borracha. Así fue que lo vi salir con esa chica, seguro que rumbo a un hotel a coger. Ahí se me acercaron dos amigos de él, y empezamos a bailar.
Yo me hacía la que no me importaba, pero estaba súper resentida. Así que empezaron a bailar más cerca de mí, como en broma. Yo ni me corría y les bailaba sensual. Me empezaron a agarrar y a besar en el cuello y yo nada, seguía bailando para ellos. Y me besaron, primero uno y después el otro. Uno de ellos, morocho y alto, bien grandote, me gustaba un poco desde hacía un tiempo. Y me empecé a pegar más a él.
El otro ya miraba más de lo que hacía. Finalmente salimos con el morocho, después de que el otro se fue Y me sacó de ahí, yo muy borracha y nos fuimos a la casa del más morocho, Enrique… Obviamente lo dejé que me coja. Él estaba re caliente y con la pija bien dura desde que empezamos a besarnos. La verdad que estaba bien rico el hijo de puta tenía la verga gorda y cabezona. Era más larga y gruesa que la única que yo había probado la de Mariano. Así que me le senté arriba y me hice coger, sin forro, aunque se lo pedí.
Enrique me la metía y me miraba y me preguntaba si me gustaba su pene. Yo dije la verdad, que era el mejor dotado que yo había conocido. La tienes re grande, papi… le dije. Más que Mariano, me dijo él. Siiii, ahhhhh… ni comparación, negrito mío, negrito de mi vida… Ahhhhhhhhh, acabé en un orgasmo largo, profundo y que me sacudió de los pies a la cabeza. Él empezó a acabar dentro de mí, despacito, largando la leche de a chorritos, como por un minuto.
Entonces nos quedamos abrazados, yo sentada arriba de el, besándonos. Cuando traté de levantarme, él me agarró fuerte, me miró a los ojos y me dijo, en tono amenazante: Yo no sé cuantos te echaba el boludito de Mariano, pero yo de dos al hilo no te bajo a una mujercita como vos. Ven acá que todavía no terminé con vos, putita linda Y retomó las embestidas con su pija, que para ser sincera era verdad que en ningún momento había perdido dureza. El hijo de puta me volvió a acabar adentro. Yo no estaba preocupada porque no estaba en fecha, pero al negro este le había dicho que si, que podía quedar embarazada. No saben como excita eso a los hombres. Enrique, me cogió dos veces más, en total se echó cuatro, y después a la mañana me fui. No lo vi más.
Al que si volví a ver fue a Mariano. Me llamó y aunque estaba de novio con una chica, nos encontramos y fuimos a un hotel. Después lo vi una vez más, pero yo estaba un poco reprimida, no disfruté mucho, porque me dolía, Mariano ya no estaba tan dulce como antes. Quiso que se la chupe y a mí me daba asquito, nunca se lo había hecho ni a él ni a Enrique, los dos únicos hombres en mi vida sexual. Igual accedí y se la besé, pero lo hacía sin ganas y mal y a él no lo satisfacía.
Al tiempo conocí a un boludito que puse de novia. Empecé a quererlo, pero no era ni a palos lo que había sentido por Mariano. A pesar de que Enrique, sin dudas, era el que la tenía más grande y él más potente, Mariano me había hecho vibrar, era muy dulce y nunca había acabado como con él, ni siquiera con Enrique. Mucho menos con este novio que tengo ahora, que era muy aburrido en todo sentido, y que ni siquiera tenía una buena pija. Pero fui una tonta y después de dos años me embaracé de él.
No nos llevábamos bien y teníamos muchos problemas. Y cuando estaba en el séptimo mes de embarazo, un día de repente apareció Mariano en la puerta de mi casa. No se como había averiguado la dirección, después de casi cuatro años. Imagínense que vergüenza, yo embarazada de un hombre que ni siquiera estaba segura de amar, con nada más que 19 años y aparece el príncipe azul de mi vida, él me había hecho mujer. La cosa es que él estaba hermoso, como siempre. Se había cortado el pelo, que antes llevaba largo y estaba más delgado y musculoso.
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