Marchando una de melones, oído cocina. Y que melones, preciosas tetas, se me cae la baba con semajente percal. Por lo visto el cocinero se lo pasa de lujo con la camarera.
Cuando no está el jefe y entre comidas y cenas, la chica se mete en la cocina y se preparan unos polvos magistrales entre las cazuelas. Esto es disfrutar del trabajo y lo demás tontería.



















Un poco subrealista, pero ocurre mas veces de las que nos podemos imaginar, el caso es estar en el sitio indicado en el momento justo. Hacer la proposición pertinente a una candidata receptiva y ver que pasa, dejarse llevar.