Es un secreto que nunca verá la luz bajo pena de muerte. Mi cuñada y yo hemos follado a escondidas en mi casa, en la misma cama donde me peto a mi mujer. Desde que nos conocimos mantenemos una relación súper dulce, nos mirábamos con ese deseo de saber que nunca pasará nada entre nosotros por motivos obvios; un morbo especial.

Mi mujer estaba trabajando y Sheila vino a hacerme una visita para contarme el mal momento que atraviesa su matrimonio:
—Tiene una amante y no me quiere; para él ni existo —Sus preciosos ojos azules ahora están apagados, siento el fracaso en ellos–
—¿Y qué vas a hacer?
—Seguiré con él hasta que Paula sea más mayorcita, así será, después nos divorciaremos.
—Si no estáis enamorados y él pasa de ti es lo mejor. Menudo cabrón. Si tú fueras mi mujer estaría todo el día pendiente de ti (es verdad)
—Ojala mi marido fuese como tú, mi hermana tuvo mucha suerte al encontrar a alguien como así.
Después de unas copas recuerdo que nos besamos con la magia de la primera vez y seguidamente ella bajó mis pantalones para chuparme la polla. Follamos como locos hasta llenarle el chocho de semen.
—La próxima vez que quieras desahogar tus penas no llames a una amiga, llámame a mí.
—Vale. Así de paso follamos.
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16.11.2008 a las 23:28
sos hermosa agregame al msn