Aquel mediodía saliste más contenta de lo habitual del conservatorio de música. Habíamos quedado por la tarde para tocar y para jugar un rato a la Playstation. Los dos sabíamos que esa tarde iba a ser especial por otra cosa. Nos deseábamos y antes de despedirnos, ya nos habíamos follado con la mirada.

Te recibí muy formal para que vieras que quería que fuese especial. Tú traías tu precioso Bajo para ensayar y tocar algunas notas. Nada de eso, chica, nada de eso. Follamos como descosidos y lo que más me gustó de ti fue tu manera de comerme los huevos: te los metías en tu boca y deslizabas tu lengua suavemente sobre ellos.
Me encanta el sexo con las músicas. Tienen una sensibilidad muy especial y son de complacientes…
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