Le clavé mi verga en su conchita, ella abría las piernas, su vagina no estiraba más, Ligia le pidió a Freddy que se acercara, y le comenzó a dar tremenda mamada de verga. Tenía 22 años, cuando me sucedió esta experiencia. Ligia era una tipa nada cercana, de pelo café claro, piel blanca, ojos café oscuros, su nariz fina y unos labios más que sensuales. Era bonita Ligia, ella tenía 20 años.
Con un grupo de amigos, fuimos a la casa de mar de mis padres. Durante todo el día, no sucedió nada fuera de lo común. Yo pasé fantaseando con ver a Ligia desnuda, aunque fuese solo por accidente. Ella usó un bikini morado, pequeñito, y que estaba seguro que si sentía algo de frío, sus pezones aparecerían coquetos bajo su top. Ligia tuvo cuidado todo el día, y no se dejó ver absolutamente nada.
Nos quedamos la noche a dormir, y volvimos hasta el día lunes a la ciudad. Al final, todos la pasamos bien y volvimos contentos de la playa. Ella me pidió que la llevara a su casa, cosa que era bastante común, no pensé nada mal, y encima nos acompañaría un amigo, Freddy.
Cuando íbamos en mi carro, ella nos invitó a su casa, no sólo a dejarla. Nos dijo que nos iba a hacer una comida especial, y como Freddy y yo éramos famosos porque nos encantaba comer en abundancia, rápido dijimos que sí.
Ella nos prestó la habitación de visita para que nos ducháramos, mientras ella se duchaba también. Me duché y luego Freddy. Cuando estábamos ya listos, encontramos con sorpresa que ella no se había duchado aún, se había puesto a preparar la comida. Para entretenernos, nos dio una película y el único aparato para ver películas estaba en la habitación de ella.
Era un VHS, claro, por la época no era un DVD. No nos dijo el título, pero nos dijo que estaba muy buena. Rápido se metió al baño y nosotros conectamos la tv y el vhs, ¡Sorpresa! Era una película porno, y temática de 2 hombres y 1 mujer, ayayay, qué calentura nos entró a Freddy y a mí. Nos reíamos de nervios, Ligia no parecía de esas muchachas, pero me llamó mientras se duchaba. Atendí a su llamado, y me invitó a pasar.






















Para potenciar el placer en las relaciones de pareja o para alimentar la imaginación y el erotismo en soledad, la pornografía fue, es y será una herramienta de gran utilidad. Pero diversos estudios científicos realizados recientemente revelaron que, además, el porno puede tener “una influencia positiva en la vida de las personas”. Más del 90% de los consumidores de pornografía australianos aseguraron que “mejoró sus vidas” luego de experimentar con materiales XXX. Durante la investigación, realizada por el equipo del doctor Alan McKee, la mayoría de los entrevistados señaló que la pornografía les hacía “tomar mayor conciencia del placer de sus parejas, a la vez que los hacía sentirse menos críticos con respecto a los atributos físicos de ellos o ellas”. Además dijeron que se deprimían y se enfermaban menos.


La mayoría de nosotros usamos lubricante cuando tenemos sexo anal con el objetivo de facilitar la penetración. ¿No sería genial si el lubricante también tuviera ingredientes especiales que ofrecieran protección contra el HIV y otras enfermedades venéreas?

“Me han diagnosticado una enfermedad cardiovascular ¿Puedo tener relaciones sexuales? ¿La medicación que tomo cambiará mi comportamiento en la cama? ¿Es normal que tenga miedo al sexo después de sufrir un infarto?”.


Las luces de las vitrinas del Barrio Rojo de Ámsterdam ya no brillan como antes. El alcalde Job Cohen ha emprendido una ofensiva para trasformar la imagen de este vecindario donde conviven, al amparo de la ley, prostitutas, comerciantes de artículos eróticos y vendedores de marihuana y drogas ecológicas como hongos alucinógenos. “Queremos quebrar la infraestructura criminal existente y rescatar la parte más antigua de la ciudad, dándole un nuevo brillo, una nueva presentación”, dijo en entrevista con la BBC, Pierre van Rossum, director del Proyecto 101
